El Observador y la Creación de Realidad | Coaching
Ontología

El Observador y la Creación de Realidad

No vemos el mundo como es, sino como somos. Una exploración profunda sobre cómo tu forma de observar determina tus posibilidades de acción y bienestar.

Por Paul Galaguer

Uno de los postulados más revolucionarios del coaching ontológico, heredado de la filosofía de Heidegger y la biología del conocimiento de Humberto Maturana, es que los seres humanos no tenemos acceso a una verdad única y objetiva sobre cómo son las cosas. Como decía el escritor Anaïs Nin: "No vemos las cosas como son, las vemos como somos". Esta premisa no es un mero juego de palabras poético; es la base de una transformación profunda en nuestra manera de habitar el mundo.

Tradicionalmente, hemos vivido bajo el paradigma de que el mundo está "allí afuera", terminado y objetivo, y que nuestros ojos y mente simplemente lo registran como una cámara fotográfica. Si dos personas no están de acuerdo sobre una situación, la conclusión habitual es que una de ellas está equivocada o miente. El enfoque ontológico propone algo radicalmente distinto: cada uno de nosotros es un **observador diferente**, constituido por su biología, su historia personal, su cultura y su lenguaje. Por lo tanto, no hay una sola realidad, sino tantos mundos como observadores existen.

"Todo lo dicho es dicho por un observador." — Humberto Maturana

La Estructura del Observador: Lenguaje, Cuerpo y Emoción

Para comprender cómo creamos nuestra realidad, debemos entender de qué está hecho el observador que somos. El coaching postula que somos una coherencia entre tres dominios fundamentales:

Cualquier cambio profundo en nuestra vida requiere intervenir en estos tres dominios. Si solo cambio mi lenguaje pero mi cuerpo sigue tenso y mi emoción es el miedo, la transformación no será sostenible.

Hechos versus Juicios: El Gran Malentendido

Gran parte del sufrimiento humano proviene de confundir nuestros juicios personales con hechos objetivos. Un hecho es algo que puede ser verificado y en lo que una comunidad de observadores puede estar de acuerdo (ej: "La reunión duró dos horas" o "La temperatura es de 25 grados"). Son afirmaciones sobre el mundo que operan bajo el criterio de verdad o falsedad.

Un juicio, en cambio, es una interpretación que hacemos sobre los hechos (ej: "La reunión fue una pérdida de tiempo" o "Hace demasiado calor"). Los juicios no son verdaderos ni falsos; son fundados o infundados según las evidencias que podamos aportar. El problema surge cuando tratamos a nuestros juicios como si fueran verdades absolutas ("Él es una mala persona" en lugar de "Yo juzgo sus acciones como dañinas para mí"). Esta confusión nos lleva a defender nuestras opiniones como si defendiéramos nuestra propia vida, generando conflictos estériles.

Al separar hechos de juicios, recuperamos el poder. Los hechos no los podemos cambiar (el pasado ya ocurrió), pero los juicios que hacemos sobre ellos sí están bajo nuestra responsabilidad. Puedo elegir cambiar la historia que me cuento sobre lo que pasó. Si mi pareja llegó tarde (hecho), puedo juzgarlo como "no le importo" o como "tuvo un contratiempo". Cada juicio me abrirá una emoción y una posibilidad de acción diferente.

Esta distinción es vital en las relaciones humanas y en los equipos de trabajo. Cuando dejamos de pelear por quién tiene la "razón" (que suele ser solo una pelea de juicios) y empezamos a compartir desde qué observador estamos mirando la situación, la comunicación se vuelve infinitamente más fluida y empática. Aprendemos a decir: "Desde mi observador, veo esto...", invitando al otro a compartir su propia mirada.

El Aprendizaje de Segundo Orden

Cuando nos enfrentamos a un problema y no obtenemos los resultados que queremos, la respuesta habitual es cambiar nuestras acciones (Aprendizaje de primer orden). Si no vendo lo suficiente, llamo a más clientes. Si discuto con mi pareja, intento hablar de otra manera.

A veces esto funciona, pero muchas veces volvemos a caer en el mismo patrón. El coaching ontológico propone el **aprendizaje de segundo orden**, que consiste en no cambiar la acción, sino **cambiar al observador**. Al cuestionar mis creencias fundamentales, mis emociones recurrentes y mi postura física, empiezo a ver opciones de acción que antes eran literalmente invisibles para mí.

Conclusión Humana

Asumir que somos creadores de nuestra realidad a través de nuestra forma de observar es una de las mayores responsabilidades que podemos tomar, pero también la mayor fuente de libertad. Nos saca del rol de víctimas de las circunstancias y nos coloca como protagonistas de nuestra existencia. No podemos controlar todo lo que sucede en el mundo exterior, pero siempre, en todo momento, podemos elegir desde qué observador vamos a responder.

El camino del autoconocimiento es, en gran medida, el camino de volvernos conscientes del observador que somos. Al hacerlo, no solo transformamos nuestra vida, sino que nos volvemos más compasivos con los demás, reconociendo que ellos también están atrapados en su propio observador.